Vente, le había dicho él. Un tipo atractivo, pensaba ella, sin más. Tal vez interesante, sí, pero nada que no hubiera ya conocido. Se le acercó en aquella fiesta, sin reparar en que era ella el centro de todas las miradas, sin reparar en que era ella a la que todos agasajaban con una sospechosa insistencia. Se acercó y, sencillamente, empezó a hablarla. De todo un poco. Estaba allí por el amigo de un amigo, no conocía a nadie, de hecho era de fuera, estaba de visita. Salía a la mañana siguiente. ¿A dónde? Le preguntaba ella una y otra vez, sin hallar más que vagas respuestas que la hacían pensar en un viaje a la deriva, siguiendo la dirección del viento, de las nubes, siguiendo inciertas y contradictorias señales de tráfico. Él no la preguntó nada, o más bien poco. Si lo hubiera hecho, quizás le hubiera escondido la realidad: que a la mañana siguiente partía a Nueva York, con trabajo, piso y seguro de viajes.

Que tenía todo ordenado, planeado meses antes, tal vez años, y que ello la llenaba de un inmenso orgullo, pues era aquella la meta que siempre creyó, algún día alcanzaría. Que en su bolsillo derecho tenía el billete de avión, y que por eso se llevaba allí la mano continuamente, como para cerciorarse de que aquello era al fin real. Bebieron y acabaron en una habitación de la casa. Era un buen amante, no excelente, tampoco un primerizo. Siguieron hablando. Ella sentía como el minutero, eterna abstracción, arrancaba lentamente sus palabras, las de él, de su recuerdo para enviarlas quizás al vacío, a la nada, escabulléndose de ella como, a lomos de una ola, huyen hacia el mar las letras dibujadas en la arena. ¿Lo lamentaba? Por supuesto que no, pensaba, aquello era fruto de la nostalgia pasajera que asalta unas horas antes de despedir, para siempre, un rostro bonito.
Luego él se amilanó. Se confesó ante ella. No sabía lo que quería, huía porque no tenía nada, nadie; o más bien, huía porque así se hacía la ilusión de que alguien le perseguiría desde algún lugar. La
palabra huir es un eufemismo, le dijo,
para huir tiene que haber alguien que desee retenerte. Ella le escuchaba, atenta, juzgando como innecesario el embrujo bajo el que él trataba de subyugarla. Y es que siempre había tenido una capacidad innata, y por lo general odiosa, para llegar al centro de las cosas y caer sobre él certeramente. Sin rodeos, devaneos. Sin mentiras. Cuando se hizo de día él, que aun no sabía nada de ella, le hizo una propuesta: Vente conmigo. Ella lo miró, sonrió, y sin pensarlo demasiado, asintió. Salieron de la casa y se dejó llevar de la mano hasta la estación de autobuses. Él la miraba, y la notaba distante. Por eso la preguntaba una y otra vez si era aquello lo que realmente quería. Entonces ella se giraba, le agarraba fuertemente de la mano y creía que son eso bastaba. Al llegara la caja fueron a pagar cuando, sin querer, un papel se la calló del bolsillo derecho. Él lo recogió y la preguntó que era aquello.
Nada, respondió, y a través de un movimiento firme, lo arrojó a la basura. Alguien gritó al otro lado de la estación y ella se sobresaltó por aquel grito, como si fuera una respuesta a su acción. Buscó su origen durante un instante. Sólo durante un instante. Luego él la besó.
-
Te quiero, la dijo
-
Y yo. Y comprendió al instante, que esa era la mentira que siempre había estado buscando.
13 comentarios:
Sin rodeos, devaneos. Sin mentiras.
Si me coges de la mano y no me sueltas.
Al fin y al cabo, era de eso de lo que huía a Nueva York, o lo que iba buscando allí...
Tras releerlo...me falla la parte final...quizás demasiado acelerada, falta de explicaciones. Y lo del grito está bastante forzado.¿A alguien se le ocurriría como mejorarlo?
ya puestos yo haria que ella se arrepintiese de irse con el. que con el grito saliera de la burbuja en la que se habia metido...
al fin y al cabo ella tenia muy seguro lo de irse, no tenia porqué escapar, o porque escapar con aquel desconocido conocido.
A lo mejor no lo tenía tan claro, o lo tenía demasiado claro, que es aun peor...A lo mejor está harta de buscar siempre la verdad debajo de todo y necesita, aunque sea una vez y esa vez implique un error para toda la vida, engañarse a si misma. Dejarse soñar, aunque lo que venga sea una pesadilla. Claro que eso puede estar perfectamente mal explicado en el texto.
No tiene porque estar mal explicado en el texto... es tu visión, y esta claro que no todos tenemos porque tener la misma... ahí esta la gracia, no? Que cada uno interprete las cosas a su manera...
Eso es. Tu sirves las cartas y yo las leo. Creo que en un te quiero siempre se esconde algún tipo de ficción, y las ficciones están muy bien para evadirse de la realidad.
Ella busca la mentira y sentir en la mentira toda la verdad que pretende encontrar en todo, el final me gusta jorjón
Besos y abrazos!!
Lemontree
Gracias a todos por ayudar. A mi me sigue sin convencer la manera en la que está resuelto el final. Me gusta que se vaya con él aun sabiendo que es un error, sólo que me parece que está algo forzado según como lo cuento. Ya lo mejoraremos.
Besos!!!!!!!
Buenas:
pues a mi me gusta tal y como está, por eso que cada cual inerpreta como quiere. Pero claro te tiene que gustar a ti.
Yo entiendo, o quiero entender, lo que ella hace: luchas por conseguir algo, tu sueño prefabricado, y cuando ya lo tienes, cuando lo has construido lo dejas sin vivir( aunque quizá no haga falta más)
Creo que hay mentiras fantásticas: las que sabemos que lo son y aun así nos empeñamos en creerlas, o en fingirlas...
Me gusta el final porque no se si la mentira es de él o de ella
Besos Jorge
quiza hubiera alcanzado mas credibilidad si tras la despedida inexistente se hubieran encontrado años despues en un bar de paso entre texas y tijuana...
isabel, la ausente y silenciosa ha vuelo a su mente enajenada po la vida
"se la calló" > "se LE CAYÓ"
"Te quiero, LA dijo" > Te quiero LE dijo
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