miércoles, febrero 15, 2006

ALEGATO CONTRA LAS CÁMARAS DE VÍDEO 1


Cuando tenía 12 años me regalaron una cámara de video de 8mm. Era pesada y me resultaba complicado sujetarla con una sola mano. Pronto comencé a experimentar aquella extraña sensación que se produce al tener la podestad de inmortalizar un momento. De conservar para siempre una postura, un gesto, una frase... Con el tiempo creí descubrir que al desear una cámara, lo que ansiaba en realidad no era poseer aquella máquina sin peculiaridad alguna, sino adquirir la capacidad de seleccionar los recuerdos.
Pronto aprendí a guardar mi memoria concentrada y conservada dentro de una tira de celuloide. Cuando la nostalgia tramposa me asaltaba, iba al cajón que tenía debajo de la televisión y extraía de él un puñado de risas de esas que la vida parecía negarme en esos momentos.
Lo cierto es que nunca me proporcionó el menor atisbo de alegría verme hace 5 años. Todo intento de recuerdo visto a través del televisor cubría el ayer de una capa almibarada que convertía el presente en una especie de café sólo sin azucar. El temible deseo de recordar y recordar solo se veía aplacado por la luz que luchaba por entrar a través de las rendijas de la persiana.
Con el tiempo he llegado a una conclusión: las cámaras de video son el mejor medio para flagelarse en un presente imperfecto a través de un pasado aun más imperfecto.
(CONTINUARÁ)

2 comentarios:

gErT dijo...

lo bueno de la memoria es que no hay que usar luego el avid para editar tus recuerdos...

jorge dijo...

pero a ver quien se lo explica a miel...