sábado, abril 08, 2006

ERO DITO


Ero Dito tiene, en demasiadas ocasiones, unas apetencias que se salen de lo común y establecido. Una vez le vieron en plena Gran Via haciendo el pino mientras andaba (o andando mientras hacía el pino, según se quiera ver) para poder palpar el pavimiento recién mojado tras una intensa llovizna. El amigo de un amigo mio, se acercó a él con paso dubitativo y, sin sacar las manos de los bolsillos por miedo a distraer a aquel acróbata urbano, le dirigió unas palabras que éste no llegó a escuchar.
Ero ignoró aquel intento de comunicación, tratando de abarcar más espacio entre manada y manada. Estaba tan concentrado que tampoco percibió el susurro del aire que trataba de hallar entre su brazo y su oreja un pequeño espacio por el que pasar o en el que cobijarse. De repente, observó cómo a menos de 20 metros una joven le miraba a través de unos ojos que no expresaban extrañeza ni pesar. Unos ojos vírgenes de recuerdos pero necesitados de olvido. La boca de la chica permanecía entreabierta, absoriviendo el momento y esperando una oportunidad para dejar escapar unas palabras de bienvenida.
Ero Dito se acercó a ella sin darse tiempo para recubrir aquella acción de dudas que resultarían ominosas y perjudiciales. Cuando sus pies estaban a una manada de la cabeza de la joven, los labios no pudieron retener ninguna de las palabras que sus retinas habían dibujado sobre el asfalto. Ella observaba con aquellos ojos deseosos de ser escuchados, él hablaba a través de unos oidos enamorados del suave susurro de su mirada.
Pensó entonces Ero, que apoyando los pies sobre la acera y las manos sobre aquellos hombros desnudos, la joven podría leer más claramente las ardientes declaraciones de amor que emergían sin derbordarse de sus labios. Lo hizo con un movimiento agil y decidido. Los ojos neutramente expresivos de la chica mostraron por primera vez un atisbo de disconformidad. Cuando las miradas de ambos se encontraron a la misma altura, Ero advirtió con pesar y desconcierto como ella daba un paso atrás. Deslizó su pie derecho hacia donde la joven se encontraba. Miró por última vez aquellos ojos que de manera súbita se habían vaciado. Ella le dió la espalda y pronto se perdió en las calles descorazonadas de una ciudad nauseabunda. Ero Dito ya no recordaba porque estaba de pie ni como se hacía el pino.

3 comentarios:

Uqbar dijo...

O_O Me dejas con un dolor de estómago...por que estoy yo de pie? Reflexionar es lo que hace este texto...tio has puesto en pocos meses tu estilo pata arriba.

Gracias por seguir escribiendo...aunque le tengas miedo a una teclas o temas la herida de una tinta mal puesta

jorge dijo...

Me hace especial ilusión que precisemente tu, que tienes un estilo litarario que a veces sólo puedo aspirar a imitar, me digas esto. Gracias.

gErT dijo...

Gran personaje este Ero, casi Amor, por una letra.
Revolviendo sobre hacer el pino, ya no sé si soy yo el que da vueltas al mundo o es el mundo el que me da vueltas a mí.
¿Patas arriba o haciendo el pino? Lo cierto es que me gusta más.